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Por: Juan Manuel Martínez
Cuenta la nieta de Marcos Aurelio que hace
un par de años, en el Camp Nou, no pudo
contener el llanto al ver la fotografía de
su abuelo anotando el gol 1000 de la
historia del Barcelona, en un ya muy lejano
22 de octubre de 1950.
Para esas fechas, “El pato” ya había
triunfado en el León, había sido vendido al
Barcelona y regresaría a León a echar
raíces, como lo han hecho muchos jugadores
argentinos, uruguayos y brasileños,
estableciendo su familia y creando
oportunidades de trabajo, dándole forma y al
mismo tiempo reforzando la teoría de que
para aquel jugador que cumple con la única
encomienda que se le exige, que es la de
defender con dignidad estos colores, le es
imposible desligarse de la verde y blanca.
En aquel entonces, el equipo León daba sus
primeros pasos como uno de los históricos a
nivel nacional, imponiendo su ley y grabando
su nombre en la historia del fútbol
mexicano, consagrándose como el primer
Campeonísimo, dato que muchos desconocen a
la fecha.
Para esas épocas yo ni siquiera entraba en
la etapa de ser parte de la planificación
familiar, vamos…ni mi padre había nacido.
A mí no me tocaron esos años gloriosos del
campeonísimo, de Battaglia, Nova, Arenaza,
Rugilo, Montemayor, Etcheverry… tampoco la
época de los 70´s con los campeonatos de
copa y campeón de campeones.
Yo, como muchos de los aficionados actuales,
pertenezco a una generación a la que me
gusta llamar Generación Tita: “¿Quién es
Tita? preguntó un niño sentado en las gradas
de Sol Puerta 5 en el partido de despedida a
Jaime Ordiales hace ya algunos años,
mientras la multitud en el Estadio León
coreaba su nombre antes de un tiro libre”.
Espero que ese niño sepa ya quién es Milton.
Formo parte de aquella generación que con
menos de 10 años, y de la mano de nuestros
abuelos, padres, madres y hermanos vivimos
el renacer de un equipo dirigido por
Vucetich, que de la mano de jugadores como
Peña, Coyote, Uribe, Raúl Martínez,
Turrubiates, Ferreira, Fuentes, Marquinho,
Zé Roberto y otros ídolos locales desataron
“La Locura en el Nou Camp” como describió el
cronista Emilio Fernando Alonso en esa
emotiva transmisión de la final vs Puebla en
un ya muy lejano 1992.
A partir de ese 7 de junio de 1992, como
cascada se vino una década en lo que lo más
importante que vivimos nos lo regaló Comizzo,
y que él mismo, a base de puñetazos y
patadas, nos lo arrebató.
Nada que contar hasta 2002 culminando con el
descenso, compras, ventas, dueños en la
cárcel, fraudes, demandas y desilusiones.
Aún así, en ese 2002 existía un sentimiento
uniforme entre la afición: El año siguiente
VOLVEREMOS…. ¿Si?….Irapuato 2003, Dorados
2004, Querétaro 2005, Cruz Azul Hidalgo
2006, Dorados 2007, Indios 2008, Batarse
2009 y Necaxa 2010.
Es abril otra vez, y es ese mismo Milton
Queiroz Da Paixao “Tita” con un 10 invisible
en la espalda pero presente en la memoria de
todos, el que comanda el proyecto este año
intentando separar el papel de gran ídolo
del pasado con el de entrenador actual,
tratando de que la gente quiera al equipo
como le quiere a él, tratando de fortalecer
ese amor eterno e indestructible que lo une
a esta playera, su afición y su historia.
Es abril otra vez, 9 malditos y largos años
después, y la ilusión maltratada pero
intacta aparece otra vez exigiendo de nuevo
su lugar en mi cabeza, y dejando volar la
imaginación desde el Estadio León, pasando
por el Sergio León Chávez, y hasta el
festejo en el Estadio Caliente pintando de
verde y blanco las calles de esta ciudad que
extraña los reflectores de primera.
En el equipaje llevamos muchos viajes,
anécdotas, “estadios” deprimentes y
transmisiones cómicas que han pasado por
nuestras vidas atadas a este sentimiento
indescriptible.
Como siempre, hemos vuelto a llenar el
estadio, hemos recuperado el aliento y la
esperanza, hemos apoyado en las malas, hemos
invadido estadios ajenos y hemos advertido a
más de uno que Vamos a Volver.
Fieles pero no tontos, entregados pero
exigentes. En Segunda… pero De Primera.
Y así, llegará mayo con su final de ascenso.
Los medios nacionales hablarán del ascendido
como si hubieran seguido la liga todo el
año, hablarán del estadio, de la plaza tan
futbolera que lo merece, de la afición que
ese partido se volcó y provocó el cierre del
estadio 2 horas antes del silbatazo.
No me pregunten. Sólo lo sé, lo intuyo.
Seremos nosotros. Porque este año estoy
seguro…
¡Volveremos!
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